La omisión se refiere a la falta de acción o la ausencia de un comportamiento requerido por parte del asegurado, la aseguradora o un tercero involucrado en el contrato de seguro. Aunque una omisión implica no actuar, sus consecuencias legales pueden ser tan relevantes como las derivadas de una acción incorrecta o dolosa.
La omisión en el seguro
La omisión es la falta de cumplimiento de un deber o la ausencia de una acción que es exigida por ley o por un contrato de seguro. En otras palabras, se considera omisión cuando una de las partes no realiza algo que está obligada a hacer, ya sea por un mandato legal o por las condiciones establecidas en la póliza.
Puede darse en diferentes fases del contrato
1. Antes de la contratación
Cuando el asegurado no declara información relevante sobre el riesgo, incumpliendo el deber de información.
2. Durante la vigencia del contrato
Si el asegurado no comunica cambios en el riesgo o no paga la prima.
3. Tras el siniestro
Si el asegurado no notifica el siniestro o no colabora con la aseguradora.
Tipos de omisión en el seguro
Existen varios tipos, las principales son:
1. Dolosa
El asegurado omite intencionadamente (con dolo) información relevante para obtener beneficios indebidos o evitar un aumento en la prima del seguro.
Por ejemplo, no declarar una enfermedad preexistente en un seguro de salud para obtener cobertura en caso de tratamiento médico.
Las consecuencias pueden llevar a la rescisión del contrato, rechazo del siniestro o incluso acciones legales por fraude.
2. Negligente
La omisión ocurre de manera involuntaria por descuido, olvido o falta de conocimiento del asegurado, sin intención de engañar.
Por ejemplo, no informar a la aseguradora de una reforma importante en una vivienda asegurada.
Las consecuencias pueden llevarnos a una limitación de la cobertura, reducción de la indemnización o incluso exclusión del siniestro si el cambio hubiera alterado las condiciones del contrato.
Omisiones comunes en el contrato pueden ser no mencionar enfermedades previas u ocultar un siniestro previo al contratar, no comunicar cambios en vivienda o conductores del vehículo o no notificar el siniestro dentro del plazo establecido, entre otras.
Para evitar omisiones, debemos leer detenidamente la póliza, declarar toda la información completa y de manera veraz, informar sobre cambios relevantes, notificar siniestros cuanto antes y colaborar siempre con la aseguradora.
En conclusión, la omisión es un concepto fundamental en el mundo de los seguros, ya que puede afectar directamente a la validez de una póliza y a los derechos del asegurado. Tanto las omisiones dolosas como las negligentes pueden tener graves consecuencias legales, desde la anulación del contrato hasta la reducción de indemnizaciones.
Ser transparente, actuar con diligencia y cumplir con los deberes contractuales son prácticas esenciales para evitar problemas derivados de la omisión en los seguros. La relación aseguradora-asegurado se basa en la buena fe, y cualquier falta de acción relevante puede comprometer seriamente esa confianza.
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