Cuándo pasar tu póliza a todo riesgo a un seguro a terceros ampliado

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Cada coche es un mundo y cada conductor también. Sin embargo hay preguntas que todos se hacen como cuándo pasar el seguro a todo riesgo a un terceros, ampliado o no. Analizamos qué tener en cuenta y cómo actuar. 

Que los automóviles son uno de los productos que más rápidamente se deprecian no es ningún secreto. Así, según datos de la empresa de valoración de siniestros Audatex, esta pérdida puede ser de hasta un 18% el día en el que el coche sale del concesionario. Además, la depreciación puede alcanzar también el 10% anual durante los primeros seis años de vida del vehículo (descubre aquí cuáles pierden valor más rápido).

Todo esto tiene una enorme incidencia en el seguro de coche que de verdad necesitas contratar. Y es que conforme baja el valor del coche, también deberán hacerlo las cobertura de la póliza. En este sentido, habrá un momento en el que te plantees cambiar el todo riesgo a todo riesgo con franquicia o directamente de un todo riesgo a un terceros ampliados. Esto es lo que debes valorar.

¿Por qué merece la pena una póliza a todo riesgo?

El todo riesgo sirve para que la compañía te arregle el coche en caso de un siniestro en el que tú seas culpable o en el que no haya otro coche implicado. El mejor ejemplo es ese arañazo que haces al coche al salir del parking o la abolladura por chocar contra un bolardo.

El seguro a todo riesgo sale a cuenta durante los periodos mencionados porque, entre otros motivos, permite reparar pequeños golpes o rozaduras sin pagar (otra cuestión es que después, dependiendo del número de partes enviados a la aseguradora, la prima suba), porque las compañías suelen incluir entre las coberturas una indemnización del 100% del valor del coche en caso de siniestro total durante los dos primeros años de vida del automóvil y, porque, de contar con financiación para la compra del vehículo, las empresas suelen exigir una póliza a todo riesgo.

Seguro a terceros

Transcurridos los períodos indicados, lo aconsejable suele ser cambiar del todo riesgo -que cubre los daños ajenos y propios en caso de accidente- a un seguro a terceros, que puede ser básico -la aseguradora se hace cargo de los daños del contrario, no los sufridos por el coche del asegurado-, ampliado -que añade otros aspectos, como rotura de lunas, incendio, gestión de multas o robo, por citar algunos de los supuestos más habituales- o con franquicia -la compañía cubre los daños a partir de cierta cantidad que debe pagar el asegurado en caso de accidente, por ejemplo, 300 euros-. La cobertura a terceros supone, eso sí, un ahorro en el pago de la póliza.

A terceros ampliado

Con todo, a partir de los años de vida del vehículo citados anteriormente, el paso lógico es ir, primero, a un seguro a terceros ampliado, gracias al cual el asegurado abonará una cantidad menor por su póliza, pero conservará la protección frente a los peligros que de forma más común acechan a los automóviles.

Con posterioridad, y en función del estado del coche y del uso que se le siga dando al mismo, resulta aconsejable pasar a un seguro a terceros básico o, si acaso, con franquicia. Optar por uno u otro es una decisión muy variable dependiendo de cada cual, en especial de la fiabilidad que tengas como conductor y de la propensión que tengas a sufrir accidentes.

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